Neuronas espejo, teatro y cine
Neurociencias por EAPT.ONISS
El trabajo del actor consiste en interpretar la realidad de un personaje
como si fuera propia. Este ejercicio conlleva someter a análisis todos aquellos
aspectos propios de las personas en su día a día: la forma de caminar, de
sentarse, la manera de desperezarse, etc., además del conflicto que se le
presenta
.Para crear todos estos aspectos, el actor se implica no solo en recitar y
entender el texto cognitivamente, sino a nivel corporal. Ya que el actor es el
maestro de la acción, así como el bailarín lo es del movimiento, para crear
dicha acción es necesaria la utilización expresa del cuerpo, una apertura a
cambios tanto en la conducta verbal como no verbal.O
El investigador Gabriele Sofía, de la Università Grenoble Alpes, basado en
la teoría especular de Giacomo Rizzolatti (1996), que sugiere la existencia de
unas neuronas llamadas especulares o espejo, que se activan en las personas
cuando percibe la acción de otro ser humano y comprende su intención, relaciona
al intérprete y al espectador de forma que en el primero se activan dichas
neuronas cuando reconoce la acción y la intención del actor en escena, de modo que
para que ello ocurra, éstas tienen que ser reales (Sofía, 2010).
Con la teoría de las neuronas espejo, se abrieron nuevos horizontes a la
explicación del aprendizaje vicario o por imitación y a la empatía emocional.
Según esta teoría, en el momento en que reconocemos emociones en otra persona,
se activarían las neuronas espejo, debido a que nosotros, por ser de la misma
especie, tenemos la posibilidad de experimentarlas, y de algún modo, cuando la
observamos, la experimentamos, de forma que entran en juego las emociones
sociales y los estados del “como si” del famoso neurólogo Antonio Damasio.
Para llegar a ser acciones reales, de forma que desemboquen emociones
reales y el espectador reaccione ante la obra, o en términos neurocientíficos,
se activen sus neuronas espejo, el actor investiga con su cuerpo, agudiza la
memoria sensorial lo máximo posible, utilizando experiencias pasadas o bien
imaginando experiencias análogas a las vividas para ponerlas a favor del
personaje, de forma que este pueda reaccionar a determinados olores y sonidos
entre otros estímulos de forma orgánica y poco a poco, vaya adquiriendo mayor
realidad.
Como dice Sergéi Eisenstein: El movimiento escénico sólo alcanzará su
expresividad máxima (capacidad de impresionar) si el
ejecutor, en vez de imitar con precisión el resultado de los procesos motores (de la pierna, de la mueca, del gesto), realiza un trabajo motor que sea orgánicamente correcto, cuyo resultado será, espontáneamente, un diseño expresivo (Eisenstein, 2001).
ejecutor, en vez de imitar con precisión el resultado de los procesos motores (de la pierna, de la mueca, del gesto), realiza un trabajo motor que sea orgánicamente correcto, cuyo resultado será, espontáneamente, un diseño expresivo (Eisenstein, 2001).
Concluyendo, el oficio del actor no es otro que el de ampliar un registro
psicofísico más allá del propio, para crear una parcela de realidad en la que
poder participar desde otro punto de vista, el del personaje. Es el camino para
que la historia que sea recibida por el público o, en términos
neurocientíficos, para que sus neuronas espejo se activen, ya que el fin último
del público es experimentar reacciones cuando asiste a una obra.
Referencias del estudio original:
Sofía, Gabriele. Las culturas teatrales en el cambio de siglo: El encuentro
con la neurociencia. Fabrikart nº8, Bilbao, pp 226 – 237.
Bauçà Amengual, María. La acción en el método de las acciones físicas de
Constantin Stanislavski desde la perspectiva de las neurociencias. Universidad Internacional
de La Rioja. 2015.
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